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Nacemos aprendiendo valores y programas inculcados por nuestros padres, familias y por nuestro sistema social.
Cuando más avanzamos en la vida, más nos enfrentamos a obstáculos vitales y a las normas establecidas.
¿Te acuerdas haber provocado a tus padres con la edad de 4 años, de 10 años, de 22 años y/o también de 35 años?
Actitud normalmente mal recibida por el entorno y a menudo criticada con las típicas respuestas: “me estas provocando”, “no paras de retarme”, “siempre me llevas la contraria”… Detrás de estos comentarios, te hacían entender que no estaba bien cuestionar lo establecido. Lo que estaba bien era encajar en el molde, ser como los demás y hacer como los demás.

Retamos a nuestros padres y entorno porque somos alquimistas.
Soy una alquimista. Eres un@ alquimista. Somos todos alquimistas.
De manera consciente o no.
Transmutamos el plomo en oro.
El plomo representa lo denso, lo antiguo, las normas rígidas, las creencias y los valores limitantes que no nos sirven y que inconscientemente rechazamos en nuestra vida. Y estamos días tras días, años tras años convirtiendo estos programas falsos, inadecuados, bloqueantes en oro, en nuevas fórmulas coherentes con las que anhelamos vivir.
El oro representa lo nuevo, lo flexible, lo coherente. Representa las creencias y los valores adecuados con nuestra propia filosofía de vida, las nuevas actitudes y formas de pensar que descubrimos de nosotros mismos, de nuestro verdadero ser. Lo hacemos. Y está pasando o bien de manera automática e instintiva, o bien de manera “forzada”, a través de acontecimientos externos, de una crisis personal o de una enfermedad. Independientemente de cómo nos llega esta revolución y transformación, llegamos  a cuestionar todo nuestro equilibrio y estructura vital (familia, amistades, trabajo, hogar, pensamientos) que llevábamos años defendiendo.

Como seres humanos, buscamos siempre evolucionar, ir más hacia de las limitaciones generacionales. Esto nos pasa porque somos alquimistas. Somos eternos investigadores de la verdad y de la felicidad. Pero lo negamos.
Nuestra costumbre de vivir cómodamente, en seguridad, sin cambios, sin sorpresas ni malas noticias nos tapa nuestra verdadera naturaleza: la de crear, conocer, averiguar, cuestionar, crear hasta encontrar nuestra fórmula alquimista de la felicidad que no solo llena nuestra mente racional, pero llena todo nuestro ser: nuestro cuerpo, nuestras emociones, nuestra mente, nuestro cuerpo y … nuestra alma.

Así que para este nuevo año, cuáles serán tus propósitos y tu actitud de vida?
¿Cómo lo harás cada día? ¿Quién de diferente serás entonces?
¿Bajo qué paradigma vivirás cada día? Bajo esta fórmula:

¿Tener, Hacer, Ser?

O bien, decides de una vez reconocer el/la alquimista que eres y vivir bajo esta fórmula:

¿Ser, Hacer, Tener?

 

Te acompañare en despertar al/a la alquimista que hay en ti. Contáctame: info@carolevecten.es.

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Testimonio de un cliente de Carole Vecten

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