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Sin ponerse entre ellos de acuerdo, hoy todos mis clientes llegaron a la misma conclusión : “El desapego es lo que me ayudará a salir del miedo y del sufrimiento”.
El desapego a las obligaciones, a vivir con el modo automatico, el desapego a la búsqueda de reconocimiento por parte de un ser querido, la desapego a los resultados. El desapego es el no estar enganchado, vinculado, agarrado, expectante de algo o de alguien. Es lo que la crisis económica por ejemplo nos ha enseñado. Nos entrena a estar ni “casados”, ni aferrados a nuestro trabajo ni a nuestra casa ni a nuestro pais (cuantos españoles se han ido a trabajar en el extranjero?).

Y suele ser también un apego emocional.
Cojo un ejemplo.
El estar apegada a mi novio, es estar pendiente del reconocimiento de mi pareja. En este sentido, espero que mi pareja alimente, compense, o dicho de otra manera sane la carencia de cariño y amor que he acumulado a lo largo de mi vida. Estoy expectante de sus pruebas de amor y cariño. Y esto es dirigir la mirada hacia fuera, es ser pendiente de que mi novio me demuestre lo mucho que me quiere para poder yo ser feliz. Es realmente estar en una carcel emocional y mental.

Seria muchísimo más sencillo no esperar de mi novio tanto y proveer yo misma lo que tanto necesito. Darme los detalles, el cariño, los cumplidos, la actitud interior alegre que echo de menos sentir y vivir a diario.

Tal como Gandhi lo resalto, si deseo que me den amor y que el mundo sea más amoroso (incluyendo primero mi novio), tengo dos caminos. O bien esperar que mi novio cambie por su amor por mi (Y en este caso, significaría que estas enamorada de tu novio por quien es el en su naturaleza o estas enamorada solo de la imagen mental del hombre que tu deseas amar?). O bien yo elijo cuidarme yo, amarme y aceptarme yo, tal como soy? ¿Cual es el camino más enriquecedor y potenciador? Echar reproches a mi novio todos los días en mi mente o en voz alta y estar en guerra con quien es el? O bien, en vez de resistirme a quien es, aceptarlo y tomar mi poder y mi libertad para satisfacer yo mis necesidades de amor y de reconocimiento y de alegría. En este caso, tomaría la libertad de diseñar y encontrar mi felicidad tal como la deseo, sin esperar que alguien lo adivine por mi.

Con nuestra relación con nuestros padres, es lo mismo. Puedo encarcelarme emocionalmente a comportarme de la manera que le gustaría a mi padre o madre para entonces recibir el amor que necesito aun con mis cuarenta años recibir? O me rindo a la realidad de que si aun mis padres no me han dado el amor en la forma que la necesitaba, tal vez tendría que cambiar de estrategia… y no buscarla o transferirla en mi pareja o hijos o amigos, pero dármelo yo a mi misma. Así de sencillo.

Profundizando aun más en esta reflexión, puedo estar enganchada a la voz adulta, a mi personaje, mi saboteador adulto que me critica, me exige, me tensa, me impone reglas y obligaciones y responsabilidades y me ordena de hacer las cosas de una cierta manera (la manera rígida, exigente, perfecta que siempre he hecho). O puedo desvincularme un poco de este adulto interior (que a lo mejor nos recuerda a  un adulto de nuestra infancia de quien queríamos recibir amor), para hacer respirar y expresar y actuar a nuestra parte de niñ@ juguetona, disfrutadora, libre de análisis mental y de culpa. Al despedirse, alejarse, callar esta parte de adulta, escuchamos más a nuestro niño interior, quien nos guía para disfrutar de cualquier detalle y momento del dia. El que nos lleva a ser feliz en cualquier momento, sintiéndose querido.

“A ver su la vida al final se va a tratar simplemente de reír y estamos aquí buscándole otras explicaciones…”

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